Biografías

Juana de Arco, la mujer de su tiempo

Juana de Arco

Para algunos, Juana de Arco es el prototipo del ideal caballeresco (valiente al mando de su ejército, leal a su rey e iluminada por su dios), para otros una peligrosa hechicera demente, lo que no alberga dudas es que la historia de Juana de Arco no deja indiferente a nadie.

La plebeya que se transformó en heroína

Juana nació en 1412, en el noreste francés, en el seno de una humilde familia de ganaderos. Lo más destacable de su infancia, conociendo lo que acontecerá a la postre, es que transcurriese de un modo normal. Un padre autoritario, una madre cariñosa y devota, una vida social que giraba en torno a las festividades y labores en su aldea, etc.. Así pues, para poder entender su destino hay que analizar el panorama que rodeaba la cotidianidad de su vida, ya que Juana de Arco fue hija de su tiempo.

En un país enfrascado, desde 1337, en una guerra dinástica interminable (la guerra de los Cien Años), y asolado por la Peste Negra, nació una mujer que supo imponerse a la condición servil al que le relegaba su condición social y de género. Esta emergió de la nada para romper con los estereotipos sociales de su época y acabar, de una vez por todas, con una de las guerras más difíciles de la historia francesa. Para ello se vistió de caballero, se puso al mando del ejército francés y se transformó en uno de los aliados más leales de su señor. El futuro rey de Francia, Carlos VII.

El mundo de Juana de Arco, la Guerra de los Cien Años

La guerra explota

Para poder frenar las salvajes incursiones vikingas que saqueaban el territorio francés desde el S.IX, las autoridades galas decidieron ofrecer a estos temibles guerreros parte de su territorio, el Ducado de Normandía. Tierra de los Nordman, los hombres del Norte. 

Uno de los normandos, Guillermo el Conquistador, fue proclamado (tras su victoria en Hastings) rey de Inglaterra. De este modo, la Corona inglesa adquirió territorios en Francia. Territorio que aumentaría tras la boda entre Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania. Esta última heredera de uno de los feudos más grandes e importantes del mosaico feudal francés Capeto.

Tras una serie de tratados y batallas, a partir de la segunda mitad del S.XIII, las desavenencias entre los franceses y británicos eran más que palpables. Y, tras una disputa dinástica (ya que los ingleses reclamaban, por derecho, el trono galo), la inevitable guerra se inició. 

Una disputa dinástica

El trono francés no estaba en su momento más boyante. La dinastía Capeta se estaba hundiendo sin herederos directos. Tras la prematura muerte de Felipe IV, en un accidente de caza, le sucedió su joven hijo, Luis X. Este, moriría siendo muy joven, tras beber muy rápido un vino demasiado frío, tras una dura partida de Jeu de Paume en un día caluroso. Por aquel entonces, la dinastía no disponía de heredero, pero su mujer se hallaba embarazada. 

Esta, daría a luz a Juan el póstumo, que moriría a los 5 días de haber nacido. El trono recaería en el hermano de Luís X, Felipe V. Pero el nuevo regente falleció 5 años después, en 1322, de disentería. Al no tener heredero varón, el trono pasó a su hermano, último hijo de Felipe IV, Carlos IV. Murió en 1328, sin heredero varón, siendo este, el último de los Capetos.

Y, claro está, los británicos aprovecharon este duro revés para pedir el título de Rey de Francia.

Los duros inicios de la guerra

En un principio, el avance británico en suelo galo era imparable. Se adueñaron con suma facilidad de la desprotegida campiña francesa y vencieron en las batallas de Crecy en 1346 y Poitiers en 1356. 

Ante esta situación, los franceses decidieron llevar la guerra al territorio inglés, devastando sus poblaciones costeras. El ejército británico fue perdiendo empuje y los franceses se aprovecharon venciéndoles en batalla hasta principios del S.XV, momento en el que un nuevo rey fue coronado en Inglaterra, Enrique IV. Soberano que devolvió la delantera a los británicos, llevando de nuevo la guerra al corazón de Francia. País en el que acababa de nacer Juana de Arco.

Juana de Arco, la campesina tocada por el Todopoderoso

La leyenda

La interminable guerra entre franceses e ingleses marcó la vida de Juana desde su infancia. Su pueblo fue atacado por el ejército burgundio cuando esta aún era una niña. 

Traumático hecho que marcaría su vida ya que, al poco tiempo, cuando ésta aún contaba 13 años, le sucedería uno de los mayores misterios de nuestra historia. Dios se le apareció en voz de ángel y le dictó el camino a seguir. Camino que cambiaría por siempre el rumbo de Francia. 

Óleo de Juana de Arco durante su infancia
Juana de Arco por Gaston Bussière © Dominio Público

Huelga decir que este acontecimiento de la vida de nuestra protagonista, sin lugar a dudas, es el que más controversias ha generado en la biografía de la futura heroína gala. 

Una explicación no tan clara

Para algunos psicoanalistas las voces representan un especie de delirio dado por sus duras condiciones de vida. Un trauma por las brutalidades perpetradas por las tropas burgundias, que arrasaron su aldea y mataron a un sinfín de vecinos de Juana. Otros lo analizan como una enajenación de una devota cristiana que creía vivir en los tiempos del Anticristo (peste, guerras, etc.). 

También están los que piensan que fue fruto de algún trastorno mental (como la esquizofrenia) o incluso un problema hormonal (ya que muchos apuntan que jamás tuvo el periodo). Finalmente están los que defienden una visión puramente religiosa, santificando la figura de la joven campesina.

Sea como fuere, las voces le acompañarían el resto de su vida. Otorgándole una confianza en sí misma sobrenatural, para poder capear el vendaval que se le vendría encima. A los 16 años, tras hacer el juramento ante el Todopoderoso de permanecer casta y pura de por vida, desafío a su padre anulando su matrimonio pactado, y decidió hacer caso a las voces de su interior que le repetían una y otra vez que solo ella podría salvar a su patria y a su señor, el Delfín Carlos. Con este fin abandonó la seguridad del hogar materno partiendo a caballo hacia el lugar del cual todo el mundo huía, la guerra.

Juana de Arco escucha la llamada
Juana de Arco por Jules Bastien-Lepage, 1879. © The Metropolitan Museum of Art

Juana de Arco, el nacimiento de su leyenda

Antes de entrevistarse con el futuro rey Carlos VII, Juana decidió cortarse el pelo y vestirse como un hombre. Según parece con el propósito de “esconder” la sexualidad de su cuerpo y así poder progresar en un mundo dominado por los hombres. De este modo se creó la imagen de santa y caballero que aún perdura en nuestra memoria.

Tras trece días de travesía en territorio hostil, Juana y sus acompañantes (ya desde sus inicios era tremendamente popular), llegaron al castillo de Chinon. Fortaleza donde permanecía el inseguro príncipe. 

Esa joven y analfabeta campesina le fascinó desde su primera conversación, ganándose enseguida su confianza y consiguiendo la capitanía de un ejército, que llevaría hacia Orleans para liberar la sitiada ciudad (enclave vital de la defensa gala).

Presentación de Juana de Arco al Delfín
Juana de Arco, heroina y martir arrodillandose frente al Delfín Carlos (Más tarde coronado Carlos VII, Rey de Francia). © Dominio público

En 1429, con solo 17 años en su haber, vestida con una armadura blanca y montando un caballo blanco, partió hacia la urbe. Con una personalidad electrizante, unos dotes de liderazgo sin parangón y una energía contagiosa, se transformó en el emblema de la liberación francesa del usurpador inglés. Heroica imagen que se agrandaría tras su primera victoria frente a los ingleses. Victoria que liberaría la ciudad de Orleans de un asedio que duraba más de 8 meses. 

Sus primeras derrotas

Una vez liberada Orleans, Juana se dispuso a coronar a su legítimo rey. Pero, para ello, debería escoltarlo hacia Reims. ¡Teniendo que atravesar más de 300 kilómetros en suelo enemigo! 

La coronación se realizó el 17 de julio de 1429. Después del mismo, Juana partió hacia París con intención de liberarla, pero fracasó en su empeño. Tras el fiasco, el rey la mandó a liberar Compiègne con un ejército bastante inferior al de sus rivales. Y, como no pudo ser de otro modo, Juana fue encarcelada por los burgundios que protegían la ciudad.

De la gloria al ocaso

Juana estuvo encerrada varios meses, e intentó huir de su prisión saltando desde una torre de más de 13 metros. Aunque, milagrosamente, sobrevivió a la caída no pudo impedir volver a ser encarcelada y encadenada en una pequeña e insalubre cámara. Tras toda una serie de torturas, violaciones y humillaciones, fue juzgada por un tribunal británico por brujería y herejía. Su rey, mientras tanto, no hizo ningún ademán por liberarla. Seguramente presionado por sus consejeros más cercanos, nada entusiasmados por el poder que tenía Juana en el seno del ejército galo. 

El 30 de mayo de 1431, con tan solo 19 años, Juana fue llevada a la plaza del mercado de Rouen para ser ajusticiada en la hoguera delante de cientos de individuos. Pero, tras su muerte, su figura se transformó en leyenda, catapultando a nuestra joven heroína a los anales de la historia y siendo, sin lugar a dudas, el personaje que mejor ejemplifica la dura situación por la que atravesaba la Francia bajo medieval. Ruega decir que en 1920 sería canonizada por la Iglesia Católica.

Juana de arco en la hoguera
Juana de Arco siendo quemada por brujería el 30 de Mayo de 1431.

Bibliografía

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Sobre el autor

Artículos

Co-fundador del Hereje, Lucas Mestre es el alma del proyecto. Como profesor y enamorado de la historia, vierte una mirada única en el contenido. Mestre es profesor de historia y geografía. Se licenció en historia y cursó un master en historia contemporánea. Tras esto se orientó como profesor, completando el master de formación del profesorado e iniciando así su carrera profesional. No sería hasta poco después cuando se le presentó la oportunidad de este proyecto, compatibilizando ambos aspectos de su vida hasta hoy.
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