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La isla de Pascua, los rapanuis y sus Moaìs

moais enterrados isla de pascua

A día de hoy la isla de Pascua, o Rapa Nui, es uno de los lugares más recónditos y desiertos del planeta pero en ella, tiempo ha, habitó una de esas civilizaciones que siguen fascinándonos hoy en día. Los rapanui, sociedad que ha dejado, para los anales de la historia, a los ultra conocidos moáis.

La isla de Pascua, los rapanuis y sus moáis

Con una superficie de 168 km2, esta isla del pacífico, creada por la erupción de tres volcanes, se halla a 3.800 kilómetros hacia el Este de la costa americana. La tierra más cercana a la isla, se encuentra a unos 1.900 km hacia el Oeste, las pequeñas islas Pitcairn. Estas enormes distancias nos demuestran que, sin lugar a dudas, este fue uno de los lugares más recónditos a los que ha llegado el ser humano. 

Pero, ¿Quiénes fueron los primeros pobladores de esta isla? ¿Cuándo llegaron? ¿Qué motivos les impulsaron para colonizar esas lejanas tierras? ¿Qué significan esas enigmáticas y gigantescas cabezas que nos han legado para la posteridad? ¿Por qué ya no queda casi ninguno de ellos para contar su historia? 

Los Rapanuis

Los orígenes de los rapanuis

En un primer momento, debido a las similitudes de sus estructuras habitacionales y herramientas utilizadas, los investigadores defendieron la hipótesis de que los primeros pobladores de la isla fueron poblaciones del Perú. Pero los estudios de ADN de los huesos humanos encontrados en la isla han demostrado que serían habitantes polinesios los primeros en llegar y colonizar el territorio.

La cultura polinésica emergió en Taiwán a principios del Ier Milenio a.C. Volcados hacia el mar, fueron sin lugar a dudas una de las civilizaciones marítimas más avanzadas de su tiempo (y de nuestra historia). Hecho demostrado por las grandes distancias que recorrieron guiados por el viento, el cielo y las olas. Sobre el S.IV a.C colonizaron las islas Filipinas. Desde allí se adentraron hacia lugares más recónditos del océano Pacífico con un solo objetivo en mente: asentarse en nuevas tierras.

Los rapanuis viajan a su nuevo hogar

Sobre el S.V y X unos pocos colonizadores se toparon con una isla paradisiaca de frondosos bosques de palmeras, cristalinas aguas y riquezas marítimas casi infinitas. La ultraconocida isla de Pascua, que se transformó de esta manera en el satélite más oriental de la cultura polinesia. 

Mapa de Rapa Nui (isla de Pascua)
Mapa político de la isla de Pascua efectuado a principios del siglo XX. © British Museum.

Esos ínfimos colonizadores pronto se multiplicaron. Estos confeccionaron en la ínsula una serie de tribus confrontadas entre sí por los recursos y la supremacía del lugar. En el momento de mayor esplendor de esta civilización se contabilizan unos 20.000 individuos. Poblaciones que construyeron no sólo casas y huertos, sino enormes plataformas sobre las cuales instalaron las que son, seguramente, las estatuas más conocidas y misteriosas de nuestra historia, los Moáis.

Los Moáis

La construcción de las enormes estatuas

Todo parece indicar que estas enormes estatuas, algunas de ellas con dimensiones que superan los 9 metros de altura y con un peso de 80 toneladas, fueron construidas por la cultura rapanui para así poder venerar a sus ancestros.

Debido a sus rudimentarias herramientas necesitaban una piedra fácilmente moldeable para la realización de estas figuras. Y, al ser esta una isla volcánica, encontraron grandes cantidades de toba volcánica, material poroso creado mediante las cenizas volcánicas. Pero este mineral sólo se hallaba en las canteras diseminadas por toda la isla.

Los artesanos tallaban in situ sus estatuas, para luego transportarlas hacia las aldeas rapanuis o los diversos lugares de exposición. La cabeza y el cuerpo eran tallados mediante la utilización de piedras de basalto más duras que la porosa tuba. Se calcula que haría falta el trabajo de doce personas durante un año para el moldeado de la figura. 

Moai no finalizado en la cantera de Rapa Nui
Moai sin finalizar, aun en la cantera, sobre pilar a modo de unión. ©British Museum

El desplazamiento hacia los altares: un gran debate histórico

Una vez finalizado el moái, se le despegaba la espalda de la Piedra Madre y se le hacía rodar colina abajo. Allí finalizaban de tallar la parte posterior de la misma. Luego era levantada y transportada hacia el Aju, la plataforma sagrada en la cual descansaría durante siglos. Pero esta, muchas veces, se hallaba a kilómetros de distancia de la cantera.

Aunque en un primer momento se pensó en la confección de una especie de camino de troncos por el que harían rodar la estatua (ya que esta sociedad no disponía de animales de tiro, ni ruedas), este hecho ha sido desmentido por recientes investigaciones. 

Los arqueólogos se dieron cuenta de que las estatuas a medio construir o rotas que hallaban por los caminos rapanui no tenían aún trabajados los ojos, presentando un ángulo bien marcado y definido. Esta evidencia nos indica que las estatuas eran erguidas y, mediante una cuerda que sujetaba su cabeza atada en las angulosas cuencas de sus ojos, eran movidas de pie balanceándose debido a varias personas que sujetaban cada lado de la cuerda haciendo fuerza hacia sí mismas. La estatua se movería de este modo por los largos caminos de los rapanuis.

teoría sobre el transporte de los moais en Rapanui
Una de las teorías más plausibles sobre el trasporte de los moais hasta la fecha. ©National Geographic

Pero la construcción de los moáis paró súbitamente, algo cambió en la isla. El aciago ocaso de la cultura rapanui se inició.

El principio del fin rapanui

Talar los bosques como medio de vida

Los rapanuis eran un pueblo agricultor, y para poder crear sus campos agrícolas (suficientemente grandes para poder alimentar una población que llegó a superar los 20.000 habitantes) empezaron a talar los frondosos bosques de palmeras de la isla. Lo que acabo siendo un arma de doble filo, como veremos a continuación.

Por otro lado, una nueva e inesperada amenaza se estaba multiplicando en la isla desde la llegada de los primeros pobladores. Una especie foránea traída, seguramente sin querer, por los polinesios que desembarcaron en la isla. Las ratas. Estas, que se debían de contar por millones (ya que no existía ningún depredador en su nuevo territorio), se comieron las nueces de palma de los pocas palmeras que aún quedaban en pie, nueces que debían de caer al suelo para transformarse en nuevas palmeras y engrosar así el número de árboles de la isla. En ese momento un cambio climático sacudió el territorio dando paso a un clima más seco y menos lluvioso. Los ríos empezaron a escasear en agua.

Lago principal de Rapa Nui
Lago volcánico de la Isla de Pascua. © Creative commons

La conjura de la naturaleza

Pronto los rapanuis se quedaron sin árboles. Y, sin árboles, no hay barcos para poder pescar la que siempre fue la base proteínica de estas poblaciones, los delfines y los atunes. Entonces empezaron a cazar las aves marítimas del lugar (antes de la llegada de los pobladores la isla fue una de las mayores reservas de aves del planeta), pero no sabían que el guano de los pájaros era vital para la fertilización de los bosques y campos de la zona. Y, sin bosques, no había ninguna barrera que protegiera los cultivos rapanuis de la salinidad del lugar, haciendo ya casi imposible cultivar nada en el hogar rapanui.

Alejados del mundo, sin casi comida ni bebida y con una sobrepoblación más que flagrante en la isla, seguramente muchos de ellos pensaron en escapar de su funesto destino. Pero, sin árboles, no hay barcos ni para pescar ni para escapar. Los dados ya estaban echados. El infierno se desencadenaría sobre la tierra. Y los rapanuis se hallarían encadenados al mismo.

El ocaso rapanui

El infierno en tierra

Tras el cambio climático y la deforestación, la hambruna se extendió por la isla. Y, las tribus, anteriormente en coexistencia las unas con las otras, iniciaron una época de fuertes y violentos conflictos por el control de los escasos recursos.

El miedo, en su máxima extensión, se afianzó entre las poblaciones del lugar. Este hecho está bien demostrado por los nuevos hogares que se construyeron bajo la tierra, en las grandes cuevas de la isla volcánica, para así ocultarse de sus enemigos. El canibalismo apareció como único modo de conseguir proteínas en la isla (aparte de las ratas), y las persecuciones y asesinatos proliferaron en el territorio rapanui.

Una solución diferente pero eficaz

La sociedad rapanui se hallaba al borde del colapso. Para frenar la vorágine de violencia, los líderes tribales desarrollaron una revolucionaria idea, el ritual del hombre pájaro. 

Con el fin de elegir qué clan controlaría los recursos, durante un año, de la isla, cada clan presentaba a uno de sus soldados para competir con los de los clanes rivales. De este modo la competición se transformó en una carrera. Esta consistía en bajar corriendo una colina de la isla, cruzar a nado un kilómetro de mar hasta llegar a un peñasco situado enfrente de la isla de Pascua, buscar el huevo de un ave marina de la zona (a veces tardaban varios días en dar con uno), y volver a la meta siguiendo el mismo camino.

Pero este ritual tuvo un éxito efímero puesto que un nuevo depredador llegó a la zona en las Pascuas de 1722, los colonizadores holandeses. Con sus armas vencieron a los rebeldes, con sus enfermedades diezmaron la población, y la poca que escapó de este genocidio fueron capturados como esclavos y vendidos a las potencias europeas del momento. La isla quedaría prácticamente deshabitada, llegando a su mínimo histórico en el año 1877, con 110 habitantes. Y con ellos acabaron los últimos vestigios de la sociedad rapanui, que dejaron tras de sí sus ultra conocidas estatuas.

Aquí os dejo una pequeña galería de la expedición de 1914:

Sobre el autor

Artículos

Co-fundador del Hereje, Lucas Mestre es el alma del proyecto. Como profesor y enamorado de la historia, vierte una mirada única en el contenido. Mestre es profesor de historia y geografía. Se licenció en historia y cursó un master en historia contemporánea. Tras esto se orientó como profesor, completando el master de formación del profesorado e iniciando así su carrera profesional. No sería hasta poco después cuando se le presentó la oportunidad de este proyecto, compatibilizando ambos aspectos de su vida hasta hoy.
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