Reportajes

La Primera Guerra Mundial

La Gran Guerra explota en Europa

La gota que colmó el vaso

El 28 de junio de 1914 es asesinado, en Sarajevo, el heredero del trono austrohúngaro, Francisco Fernando. El magnicidio fue realizado por un nacionalista serbio de la Mano Negra, Gravilo Princip. Tras un mes de tensiones, el imperio declaró la guerra a Serbia y las tropas de Nicolás II, que se había proclamado protector de los pueblos eslavos, fueron enviadas a las fronteras.

Ante esta situación el Kaiser Guillermo II declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto. Este pensaba que Gran Bretaña no iba a salir de su neutralidad por Serbia, ya que el imperio británico estaba intentando sofocar los aires de independencia que habían germinado en la vecina Irlanda. 

El mundo entra en guerra

El procedimiento bélico teutón, confeccionado en 1905 en el famoso plan Schlieffen, consistía en mantener con pocos efectivos el frente oriental, mientras que el grueso de su ejército invadía, con suma facilidad, Francia. El problema del ataque era que para poder envolver al ejército galo por el norte tenían que ocupar a la neutral Bélgica, que además se hallaba protegida por los británicos. Y una vez que se puso en marcha, Gran Bretaña entró también en el conflicto.

Soldados alemanes atraviesan Bruselas
Soldados alemanes atravesando Bruselas con la intención de atacar Francia. 1914. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Lejos de entender la magnitud de lo que estaba aconteciendo, probablemente debido al papel ejercido por la prensa sensacionalista y el patriotismo vendido por la misma, la población europea estalló en júbilo tras la declaración de la guerra. Solo un pequeño núcleo del marxismo y el anarquismo se opuso a la misma. Cabe destacar que muchos integrantes del sindicato anarquista Industrial Workers of the World fueron linchados, a veces hasta la muerte, por una turba ciudadana, cuando este se opuso a la entrada de su país, Estados Unidos, al conflicto en 1916. 

Sea como fuere, cientos de manifestaciones y festejos acontecieron tras la declaración de guerra. Todos pensaban que el enemigo iba a ser aplastado en pocas semanas. Pero al poco tiempo se dieron cuenta de que este paseo en barca acabó siendo uno por el mismísimo infierno.

El fracaso del Plan Schlieffen

Desde agosto, las potencias centrales fueron rodeadas por tres flancos. Al oeste por la línea defensiva gala, que se extendía desde el mar del Norte hasta Suiza, contando con el apoyo, aún escaso, de británicos y belgas, junto a los cientos de miles de personas traídas al frente desde sus colonias. Los serbios se apostaron desde el Save hasta el Danubio, y los rusos desde el Báltico hasta Rumanía.

Conforme a lo estipulado, los alemanes avanzaron con toda su potencia hacia Francia, país que debía de caer en pocas semanas. Pero los planes pronto fueron frenados por la feroz resistencia belga, sobre todo en la toma de Lieja (además de destruir las líneas de ferrocarril, ralentizando más si cabe el avance teutón). Por su parte, los austriacos fueron vencidos por los serbios.

Rápidamente, los franceses contraatacaron y tomaron la ciudad alsaciana de Mulhouse, con objetivo de reconquistar la Alsacia y la Lorena. Y, aunque los germanos lograron tomar Bruselas, muchos de sus contingentes tuvieron que abandonar el avance occidental puesto que “la apisonadora rusa” había entrado en escena, adentrándose por la Prusia Oriental con unos 400.000 soldados.

Cuando las tropas germanas se hallaban a 23 kilómetros de París, tuvieron que dar media vuelta y asentarse a lo largo del río Marne. Al observar la retirada teutona, el gobernador militar de la capital, Galliene, realizó un ataque obligando a retroceder las posiciones alemanas, tomando de este modo los puertos atlánticos, para así garantizar el apoyo físico británico.

Batalla de Marne, I Guerra Mundial
Tropas alemanas atraviesan Champagne, Francia, cerca del rio Marne. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Aunque los alemanes consiguieron reponerse pronto, eliminando fácilmente al grueso del ejército ruso en Prusia en la batalla de Tannenberg y retomando la ciudad de Mulhouse al poco tiempo, el plan Schlieffen había fracasado. 

Una guerra total 

Las primeras semanas de la guerra ya nos muestran la magnitud de la misma. Los alemanes habían logrado movilizar 4.000.000 de individuos, los franceses a 3 Mill, los rusos a 5 Mill y los austriacos a 2 Mill. 

Y los estragos de la guerra no se hicieron esperar. Las guerras en las fronteras occidentales, sobre todo en la zona alsaciana y belga, ya se habían saldado miles de víctimas civiles. A esto se le suman la destrucción de ciudades, pueblos, violaciones, secuestros (convirtiendo a los civiles en esclavos del bando adversario), etc. Y lo mismo aconteció en el avance ruso en la Prusia Oriental, o austrohúngaro en Serbia. Todo ello se tradujo en la aparición de un gran fenómeno de migraciones de las poblaciones de la zona.

Sabías que…

Durante la Primera Guerra Mundial se cavaron más de 40.000 km de trincheras, lo que equivale a la circunferencia de la tierra.

Por su parte, los soldados, ya desmoralizados tras el lento avance de sus campañas de conquista, se hallaban en una tesitura más que complicada. Abatidos si avanzaban por el frente de batalla por la artillería enemiga, y por sus generales si decidían huir de su aciago destino.

La población civil, sobre todo las mujeres (gozando de unas condiciones de trabajo más que complicadas), se hallaban luchando en su propio frente en las fábricas, intentando saciar la gran demanda del frente (falto de alimento, vestimenta, armas, etc.). Para poder asegurar y establecer las prioridades de producción, el estado tomó las riendas de sus economías. Se eliminaron las reivindicaciones sindicales junto a la libertad de comercio, además de gozar de un control total en la propaganda y los sistemas de información. Todo ello con el objetivo de mantener en marcha la inexorable maquinaria de guerra.

La guerra prosigue su curso

Aunque los rusos fueron rápidamente aniquilados por los alemanes, los problemas se multiplicaban para las potencias centrales. Por una parte los rusos decidieron atacar al imperio austriaco, tomando la zona de Galizia y Leopolis, su principal urbe. Por otra parte, los ingleses destruyeron, en un ataque naval, un acorazado, junto a varios cruceros teutones (sus más de 700 víctimas mortales y centenares de heridos dan certeza del duro golpe encajado). Finalmente, Japón declaraba la guerra a Alemania para así poder controlar una de sus bases coloniales en suelo chino.

Hundimiento del acorazado aleman
Soldados alemanes huyendo del hundimiento del acorazado «SMS Blücher» tras el ataque británico. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

A esto se le suma la resistencia belga, gracias al apoyo británico, en su lucha contra el avance germano durante la batalla de Ypres.

Un nuevo tipo de guerra se estaba gestando. Tras la batalla del Marne y la de Ypres, las potencias europeas se dieron cuenta de que la guerra de movimientos era algo ya totalmente inútil debido al poder destructivo de las nuevas armas (artillerias y ametralladoras). A partir de ese momento, octubre de 1914, hasta marzo del 18, ninguno de los contendientes de la Gran Guerra pudo penetrar más que unos pocos kilómetros en suelo enemigo.

Los soldados cavaron profundas trincheras en el barro, defendidas por alambres y separadas las unas de las otras por un escaso territorio al que se le denominaría “la tierra de nadie”. La guerra no había hecho más que empezar.

Trincheras, primera guerra mundial
Soldado británico en el interior de una trinchera. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Un infierno en tierra

Tras la ocupación alemana de casi todo el territorio belga, una inmensa línea defensiva de trincheras y alambres, de unos 700 kilómetros, germinó desde el Mar del Norte hasta Suiza. Y las primeras ofensivas acabaron con la vida de cien mil soldados, aunque las fronteras no se movieron ni un ápice. El frente occidental se había estancado.

Desatendiendo cualquier tipo de moral humana, cualquier acto era bien visto si causaba bajas al rival. La muerte no solo debía de acontecer mediante la utilización de las ametralladoras cuando el enemigo lanzaba su ofensiva corriendo por la “tierra de nadie”, había que matarlos también en las trincheras. 

Para ello se utilizaron millones de toneladas de explosivos que hacían volar hacia la zanja enemiga mediante su temible artillería (o las colocaban bajo tierra, realizando túneles hacia las trincheras enemigas, por medio de los zapadores). Se inventaron los lanzallamas para quemar vivos todo ser viviente hacinado en la trincheras. A lo que se le suma el terrible gas cloruro que asfixiaba y cegaba a los malogrados contendientes.

Como bien apunta un médico de campaña durante la Segunda Batalla de Ypres, “los hombres se ponen morados, luchan por respirar entre lágrimas y se quejan de quemaduras en el pecho y el estómago. Lo hemos visto todo, heridas terribles y avalanchas mortales de metal. Pero todo esto no es nada si lo comparamos con la niebla que oscureció al sol durante horas que parecieron siglos”.

Las víctimas se contaban por cientos de miles, y sus cadáveres aumentaron el suplicio de los soldados, que no solo tenían que vivir junto a la muerte sino también respirar su podredumbre. Las ratas acudieron al festín, y se sumaron al barro que engangrenaba las piernas de los malogrados. La guerra se transformó en un infierno en tierra.

La guerra sobrepasa las fronteras europeas

Al no poder vencer a sus enemigos en el frente occidental, la Entente decidió atacar las colonias alemanas de África para debilitar su economía (Tongo, Ruanda o Tanganica). Por su parte, los nipones atacaban sus puertos en China con objetivo de invadir ese país. A todo ello se le suma “el bloqueo del hambre” emprendido por los británicos en el Mar del Norte que tenía por finalidad sembrar la desnutrición en el territorio teutón.

Este ataque marítimo británico desencadenó una guerra naval por el control del mar. Batalla en la que los alemanes utilizaron sus submarinos para destruir a la armada inglesa y a los barcos de mercancías que proveían de víveres y demás recursos a la Entente.

Pero a los británicos les surgió un nuevo problema, la posible entrada en guerra del imperio otomano y el más que probable bloqueo del Canal de Suez. Y esta no era una cuestión baladí, puesto que era la puerta de entrada al mediterráneo de el ingente número de recursos que provenía de sus colonias asiáticas. El imperio se hallaba gobernado por el sultán Mehmed V y por la organización ultranacionalista de los Jóvenes Turcos, dirigidos por Enver Pacha (que tenía muy buena relación con los germanos).

Estos, apelando a una Guerra Santa para encontrar el apoyo del pueblo musulmán (dominados por los turcos desde 1453), decidieron sorprender a los rusos por el Caúcaso. Pero fueron rápidamente aniquilados por la resistencia rusa, la nula participación del pueblo musulmán (que no se dejaron llevar por los cantos de sirenas del gobierno) y las inclemencias meteorológicas (con sus más de 70.000 víctimas mortales). 

Tropas Turcas
Soldados turcos en 1915. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Ante tal debacle el gobierno turco buscó a un chivo expiatorio. El pueblo armenio fue el elegido, realizándose uno de los mayores crímenes de la humanidad, el genocidio armenio. 

La guerra

Ante el temor de la alianza entre otomanos y alemanes, en marzo de 1915, los británicos se lanzan a la batalla de los Dardanelos. Esta tenía por objetivo tomar Constantinopla, establecer comunicaciones directas con los rusos e impedir la entrada al conflicto de los búlgaros.

El ataque fue un fiasco total debido a la poca preparación del terreno por parte del Alto Mando Británico y los soldados se vieron fácilmente reducidos. Decenas de miles perdieron la vida sin poder tomar ningún tipo de enclave estratégico.

En este contexto Bulgaria entró en guerra, pasándose al bando de las potencias centrales. Italia, por su parte, defendiendo los intereses de la Entente (con objetivo de recuperar los territorios perdidos contra el imperialismo austriaco).  

Los germanos, hambrientos por el bloqueo marítimo realizado por los británicos, intensificaron sus fuerzas submarinas para contraatacar. En mayo de 1915 hundieron el Lusitania, barco mercante estadounidense que contaba con cientos de pasajeros americanos (turistas que fueron a visitar un mar declarado abiertamente hostil a su país). Ante tal ataque, el pueblo estadounidense se levantó y poco a poco se organizó para entrar en el conflicto. 

Finalmente, en agosto, los alemanes tomaron Varsovia (matando a más de 150.000 soldados rusos). Sus zepelines empezaron a bombardear la capital londinense. La guerra no tenía fin. Y la gran batalla estaba a punto de iniciarse en Verdún.

La batalla de Verdún

En el frente occidental las tropas alemanas habían conquistado diez provincias del norte galo. Ante tal avalancha, los líderes de la Entente acordaron en Chantilly coordinar sus ataques desde el río Somme, pero los alemanes se les adelantaron y realizaron la ofensiva en Verdún. El tablero se hallaba preparado, la gran batalla estaba a punto de explotar.

Esta fue la contienda más larga de la Primera Guerra Mundial (del 21 de febrero al 19 de diciembre de 1916). Y una de las más importantes, en la que se enfrentaron las tropas francesas contra las alemanas, en el nordeste galo, a lo largo de un frente de 40 kilómetros.

El territorio en el que se desarrolló la contienda ha sido siempre un lugar inexpugnable para los enemigos de Francia (tanto para las tropas de Atila el Huno como las de Bismark). Pero en 1916 se hallaba muy mal defendido y comunicado. 

La batalla se inició con unas diez horas de bombardeó sistemático, emitiendo un ruido que se oyó a más de 100 kilómetros de distancia. Se combinó el ataque con tácticas de choque de la infantería (utilizando lanzallamas para acabar con las tropas francesas dispuestas en las trincheras). Pero, a pesar del ataque total de los alemanes, los franceses supieron aguantar el envite. 

Ruinas de Verdún
Tropas francesas atraviesan los restos de Verdun. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Al final de la batalla los franceses tuvieron un total de 371.000 bajas (60.000 muertes, 101.000 desaparecidos y 210.000 heridos). La de los alemanes ascienden a 337.000 hombres. Un total de un cuarto de millón de muertos y más de medio millón de heridos. No es de extrañar el  sobrenombre que se le dio a tal brutal batalla, “La máquina picadora de Verdún”. 

Una guerra sin cuartel

Aunque las potencias centrales conquistaron Serbia, el frente occidental estaba en auge y las expectativas germanas depositadas en el oriental fueron dejadas claramente de lado, enviando al grueso de su ejército hacia occidente. El gran objetivo era liberar a su pueblo del bloqueo británico (que había dejado 400.000 víctimas ciudadanas por desnutrición), y para ello Francia debía caer.

Con la finalidad de aliviar la masacre producida en Verdún, controlar las ciudades del norte galo controladas por los alemanes y de romper las defensas germanas asestando el golpe definitivo a Berlín, los líderes de la Entente decidieron realizar una ofensiva en Somme. Y unos 600.000 soldados acudieron a la cita.

Además de ser la primera batalla en la que se utilizaron los tanques (el nombre de esta brutal arma de combate viene dado debido a que los ocultaron de los espías alemanes, cuando estos cruzaban el Canal de la Mancha, en unos tanques de agua), lo que más llama la atención es la bestial forma de iniciar la contienda. 

El 1 de julio de 1916, los zapadores realizaron un túnel subterráneo que les llevó debajo de las trincheras enemigas, colocaron 24 toneladas de explosivos y crearon un cráter de 100 metros. Ante tal ataque, los tanques embistieron las líneas de alambre, y los soldados salieron en masa hacia la Tierra de Nadie. Al final del día se cuentan más de 20.000 muertes británicas, y 40.000 heridos. Fue sin lugar a dudas la mayor carnicería de la guerra. Pero las fronteras quedaron casi inmóviles. Las grandes batallas de desgaste habían fracasado.

Rusia abandona la guerra

La Primera Guerra Mundial dejó al descubierto las costuras del otrora majestuoso imperio ruso, los grandes vencedores de las guerras napoleónicas. 

Tras el sinfín de fracasos durante las batallas, debido a la poca preparación de sus tropas, las dificultades de organización y las rudimentarias armas utilizadas, varios motines empezaron a germinar en contra de la ya muy dañada imagen del todopoderoso Zar Nicolás II (imagen ya debilitada con la intromisión de Rasputin y el odio suscitado hacia la zarina).

Por su parte, la guerra destruyó por completo la economía rusa. Este era un sistema aún feudal basado en un campesinado sobreexplotado por la nobleza que no podía saciar las ingentes demandas de alimentos y vestimenta del frente. Sobre todo por la inexistencia de un sistema industrial, no solo para la producción sino también para el transporte de lo producido. Y una grave hambruna explotó en el seno de la sociedad.

Manifestación revolución rusa
Manifestación frente al Palacio de Invierno de Petrogrado en enero de 1917, previo a la Revolución de Febrero. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Ante esta situación, violentas manifestaciones ciudadanas, muchas veces apoyadas por el ejército, explotaron en las calles de St Petersburgo y otras ciudades. No solo se demandaba el fin de la guerra, sino también la abdicación del zar y cada vez tomaban más fuerza las ideas comunistas. Estas fueron enarboladas por Lenin, llevado de su retiro en Suiza por los germanos para acabar desde dentro con Rusia.

Tras la abdicación del zar, el gobierno provisional se vio sobrepasado por la situación y en Octubre del 17 los mencheviques fueron apartados del poder. Y este recayó en manos de los bolcheviques. 

Una de sus primeras medidas fue firmar, en diciembre, el cese de las hostilidades. Finalmente, en marzo del 18, se firmó el tratado de Brest-Litovsk que marcaría la salida de la guerra de los rusos. La Entente había perdido a uno de sus aliados más importantes. El zar perdería algo más.

Las potencias centrales toman la delantera en occidente

Tras la guerra submarina emprendida por Alemania, sobre todo a raíz del hundimiento del Lusitania, Estados Unidos entró en el conflicto para ayudar a la Entente. En un principio contaban con un ejército más bien pequeño, pero tras una fuerte campaña propagandística de reclutamiento, el número fue aumentando. Antes de llegar al frente occidental, en junio del 17, despejaron el océano atlántico de submarinos teutones, utilizando sus famosos destructores (que divisaban los periscopios y hundían los submarinos).

Poster reclutamiento inglés de 1915

Sabías que…

El famoso poster del Tio Sam de 1917 y su eslogan «I want you» realmente es una mezcla entre dos carteles originales de Gran Bretaña de 1914/15. En él se aúna el símbolo nacional, John Bull (sombrero de copa, bandera estampada) y la postura y eslogan del poster de Kitchener.

Pero el bloqueo naval alemán se mantenía en las islas británicas. Para romperlo, en julio del 17, los británicos lanzaron una ofensiva con el fin de ocupar Brujas y Ostende. Utilizando 4 millones de proyectiles y más de 100 tanques, barrieron el frente occidental. Pero el ejército se vio frenado por unas fuertes lluvias en la batalla de Passchendaele.

Por su parte, Italia se hallaba en lucha contra los austriacos. Estos últimos avanzaron unos 100 kilómetros por territorio italiano y tras el fiasco los ejércitos italianos se rebelaron en contra de sus dirigentes. La Entente tuvo que ayudar a los italianos para frenar el envite austriaco, y llevarlos de nuevo hacia su territorio.

Austrohúngaros cruzando los Alpes
Soldados austrohúngaros marchando por los Alpes. © Hulton-Deutsch Collection / CORBIS

Una vez dejado de lado el frente oriental, tras la salida de los rusos, los alemanes concentraron todas sus fuerzas en occidente y avanzaron hacia la capital francesa. Ciudad que fue bombardeada mediante la utilización del Gran Berta (enorme cañón con un alcance de más de 100 kilómetros). De este modo, la guerra de posiciones dejó paso a una nueva etapa de la misma, la de movimientos. Y está marcaría el destino de las potencias enfrentadas.

El fin de la guerra

Tras el avance alemán hacia la capital parisina, los franceses e ingleses se reorganizaron y bombardearon varias ciudades alemanas. El avance de los germanos se vio frenado debido a la falta de alimentos en el frente. A esto hay que sumarle la escasez de soldados, tras las millones de muertes en combate y por la gripe española.

Por su parte, el ejército norteamericano venció en batalla a los alemanes cerca de la frontera suiza. Ante tal desesperada situación, estos últimos, tras perder su superioridad bélica, lanzaron una gran ofensiva cerca de Reims que tenía por objetivo tomar París. Reunieron unos 600.000 soldados en la Segunda Batalla del Marne, utilizaron los aviones y tanques para abrir el camino y a la infantería para la ofensiva total. Pero el ejército alemán se colapsó el 8 de agosto de 1918, teniendo que retrasar sus posiciones y defender sus fronteras.

Al mismo tiempo, la Entente, partiendo desde Grecia, logró tomar las posiciones ganadas por los austro-húngaros. Los británicos avanzaron hacia Damasco con la ayuda de la población árabe tras la engañifa de Sykes Picott. Las potencias centrales se estaban resquebrajando y los ejércitos galos y británicos lograron avanzar por territorio belga no sin antes rechazar a los germanos más allá de la frontera francesa. 

El 9 de noviembre abdica el káiser, y se exilia a los Países Bajos. Tras la movilización de más de 75.000.000 de personas, la muerte de casi 10.000.000, los veinte millones de heridos (gente que se había quedado sin rostro, “les gueules cassées”, o con serios problemas mentales, o con algún miembro amputado, etc.), el 11 del onceavo mes a las 11h00 se firmó el armisticio. La guerra había acabado, y con ella el fin de una de las épocas más oscuras de nuestra historia reciente.

Preguntas y respuestas sobre la Primera Guerra Mundial

¿Cuándo empezó la Primera Guerra Mundial?

La Primera Guerra Mundial se inicia con el asesinato del Archiduque de Austria Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914. Pero no se declararía la guerra hasta un mes después, el 28 de julio. Momento en el que se inicia el intento de invasión de Servia por parte del imperio Austro-Húngaro.

¿Cuál fue el número de muertos en la primera guerra mundial?

El número de muertos relacionados directamente con la batalla asciende aproximadamente a 10 millones de personas. Además, fallecieron otros muchos, principalmente civiles, debido a enfermedades y hambrunas derivadas del conflicto. El número de civiles que perecieron por estas causas es de casi 6 millones de personas. También se debe tener en cuenta el millón y medio de víctimas del genocidio armenio. Y no debemos olvidar a los 6 millones de supervivientes que sufrieron algún tipo de discapacitación, ni a los 8 millones de refugiados que perdieron sus hogares y pertenencias.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la Primera Guerra Mundial?

Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, además de las físicas (destrucción de muchas ciudades y campos, desplome de la economía y de los imperios centrales aliados, millones de muertos y heridos, la gripe española, etc.), fueron también morales. Un cierto aire de revanchismo cuajó en Europa, sobre todo en la endeble Alemania de la República de Weimar. País que vería germinar, al poco tiempo, un sistema de carácter dictatorial y racista, que se juntaría a la fascista Italia. Por otro lado, en Rusia, explotaría la revolución comunista con Lenin al frente, batuta que pasaría a manos de Stalin en la década de los 20. Esta tensa época de entre-guerras dará origen a la segunda Guerra Mundial.

¿Cuánto duro la primera guerra mundial?

La Primera Guerra Mundial duró un total de 4 años y 4 meses. Desde el inicio, con el intento de invasión de Serbia el 28 de julio de 1914, hasta la firma de la paz a las 11.00 del 11 de noviembre de 1918, cuando Alemania aceptó las condiciones del armisticio.

¿Quién ganó la Primera Guerra Mundial?

Los vencedores de la Primera Guerra Mundial fueron las potencias de la Triple Entente, aunque hay que quitar de la ecuación a Rusia.

¿Cuáles fueron los países que participaron en la Primera Guerra Mundial?

Los países que participaron en la Primera Guerra Mundial se dividían en dos grupos: Las potencias centrales y los aliados. Las potencias centrales estaban compuestas principalmente por el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro, a los que se unirían el Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria. Mientras que los Aliados eran Francia, Reino Unido y Rusia principalmente, además de Bélgica, Serbia, Italia y USA. Junto con las principales potencias encontramos países de apoyo y otros combatientes como son:

Potencias Centrales

Principales países de las Potencias Centrales
  1. Imperio Alemán
  2. Imperio Austrohúngaro
  3. Imperio Otomano
  4. Reino de Bulgaria
Estados clientes alemanes
  • República Popular Bielorrusa
  • Ducado de Curlandia y Semigalia
  • República del Don
  • Reino de Finlandia
  • República Democrática de Georgia
  • República Popular de Kubán
  • Gobierno Regional de Crimea
  • Reino de Lituania
  • República de las Montañas del Cáucaso Septentrional
  • Reino de Polonia
  • Ducado Unido del Báltico
Estados clientes otomanos
  • Emirato de Yabal Shammar
  • República Democrática de Azerbaiyán
Cobeligerantes y combatientes no estatales
  1. República Sudafricana
  2. Estado Derviche
  3. Sultanato de Darfur
  4. Orden Sanusí

Aliados

Principales países aliados
  1. Reino de Bélgica (incluyendo colonias)
  2. Reino de Serbia
  3. Tercera República Francesa (incluyendo colonias)
  4. Imperio ruso
  5. Imperio británico
    • Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda
    • Australia
    • Territorios británicos de ultramar
    • Raj británico
    • Canadá
    • Dominio de Terranova
    • Nueva Zelanda
    • Unión Sudafricana
  6. Reino de Italia (incluyendo colonias)
  7. Estados Unidos de América
    • Puerto Rico
Otros países aliados
  1. Reino de Montenegro
  2. Gran Imperio del Japón
  3. República Portuguesa (incluyendo colonias)
  4. Reino de Rumanía
  5. Reino de Grecia
  6. Principado de Albania
  7. Brasil
  8. República Democrática de Armenia
  9. Checoslovaquia
  10. Reino de Finlandia
  11. Reino de Nepal
  12. Reino de Siam
  13. San Marino
Aliados nominales
  1. Principado de Andorra
  2. República de China
  3. Costa Rica
  4. Cuba
  5. Guatemala
  6. Liberia
  7. Haití
  8. Honduras
  9. Nicaragua
  10. Panamá

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Bibliografía

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  1. FERRO, Marc (2014): “La Gran Guerra: 1914-1918”. Barcelona, Alianza.
  2. STONE, Normand (2008): “Breve historia de la Primera Guerra Mundial”. Madrid, Ariel.
  3. CLARKE, Isabelle (2014): “Apocalipsis, la primera guerra mundial”. Francia, CC&C.
  4. ROGAN, Eugène (2015): “La caída de los otomanos”. Barcelona, Crítica.
  5. HOBSBAWM, Éric (2011): “Historia del S.XX”. Barcelona, Crítica.
  6. STEVENSON, David (2013): “1914-18: Historia de la Primera Guerra Mundial”. Barcelona, Debate.
Sobre el autor

Artículos

Co-fundador del Hereje, Lucas Mestre es el alma del proyecto. Como profesor y enamorado de la historia, vierte una mirada única en el contenido. Mestre es profesor de historia y geografía. Se licenció en historia y cursó un master en historia contemporánea. Tras esto se orientó como profesor, completando el master de formación del profesorado e iniciando así su carrera profesional. No sería hasta poco después cuando se le presentó la oportunidad de este proyecto, compatibilizando ambos aspectos de su vida hasta hoy.
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